viernes, 27 de febrero de 2015

DIGRECIÓN # 4 (REGRESIONES)

La risa de la realidad a veces deja eco en el hueco de abismo de mi cabeza. Revolotea y se incendia. Llamas que deflagran y se evaporan en humo. Así los pensamientos cambian de estado. Siempre terminan por volatilizarse.

La realidad es una parte de pasado/presente/futuro en una mezcla equivocada de lo que realmente fue y de lo que es en la incertidumbre de lo que será.

Leo Regresiones, de Vicente Muñoz, y llega ese eco de los 80, que viví en calles de aceras imposibles, en caminos que siempre eran curvos a la hora de volver a casa, con el zumbido de la música todavía girando en la sombra de vinilo de la mente. Y la luz eléctrica manchando las páginas de los libros en los que me zambullía sin temor a que mis pulmones —de alquitrán psicotrópico— aguantaran la zambullida.

Leo Regresiones y ese eco hace que lata el recuerdo. Tan igual que, a veces pienso, hemos encerrado los mismos Mitos dentro del cajón donde se guardan las cosas importantes. Lecturas, películas, discos… sentimientos y vivencias…

Dejo que el eco se haga silencio en una resaca de mil rones y whiskys, de ácidos que te llevaban a nadar en tu propia efervescencia, de cervecismos eternos, de conciertos y de deseos enjaulados en pieles que mondamos en el amanecer. Carne de labios de tacto eléctrico. Noches reventadas hasta la última gota.
A veces la risa de la realidad confunde los hechos y te atrapa.
Y me siento atrapado.
Me siento atrapado en el silencio de las velas con la pérdida de la luz eléctrica en esta tormenta que vivimos, con la libertad humeante en el cenicero lleno de colillas, con imágenes atascadas en el obturador de los sentidos:

el sueño del sacristán borracho de vino consagrado,
el olor de la mistela que hizo los sueños celestiales,
la parte más espiritual del corcho de la garrafa,
el vidrio nacarado donde se enfrascan los fracasos,

el agua extraída del brillo de los ojos de un ángel ebrio,
la sensación de pérdida del equilibrio del que levita,
la noche que borra lo que dibujará el amanecer
con el carboncillo y los pasteles de la luz,
con el plano inclinado
que eleva al sol
a la parte fría del firmamento.
Y la música,
que sigue sonando
para hacer rotar a la realidad
y a los sueños…

Foto: José G. Cordonié

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