lunes, 1 de septiembre de 2014

CIVILIZAZIØÑ / Blues exprimido en gramos de furia encapsulada.

Nadie nos pidió gritar. Y sin embargo gritamos hasta ahogar el grito.

Gritamos en el azul del viento como un relámpago en un cielo de luna temprana. Como una harmónica que afina el soplido hasta darle el calor de un blues.

Nuestros gritos fueron callados por quien nos habló de un Paraíso que nunca quisimos buscar. Nos habló de mares calmos, de prados amplios donde pacer el ganado y cebarlo hasta reventar, de váteres de oro donde evacuar nuestros deseos ilusorios.

Fuimos perros.

Perros fieles lamiendo la mano del amo, buscando alimento y temiendo el castigo. 

Agachamos la cabeza hasta sentir el brillo de nuestra sonrisa en el cuero de sus lustrosos zapatos.

Dejamos silencios abiertos donde las palabras eran voces vacías.

Ahora hablemos de la sustancia mezquina que ronda por el cerebro haciendo agujeros de gusano en la blanda materia de la honestidad.

¿Quién nos llevó a dar el primer paso hacia el Laberinto?

La sombra líquida de la furia nos dejó una maldición:

Que la noche se alargue hasta el alba del otoño y se arrugue como una nuez temprana en el árbol del Bien y del Mal.

Que la noche sea un mal trago donde escupir la magia de los sueños hasta hacerlos de mármol y de oro y de mierda.

Que las palabras sean carcoma en el corcho de las mentes infestadas de absurdo y crueldad.

Que lo que os reste de vida sea un despertar agrio de lengua muerta por el licor de garrafón servido en los lupanares de carne pútrida donde vuestras ansias se deslizaron a través de vuestros billetes hechos un rulo.

Que la sonrisa caiga de la lápida de vuestros rostros y vuestros dientes de oro sean conductores de la electricidad de vuestra ruindad.

Al otro lado de la calle mis sueños llegaron en la parte más fría de la almohada.

Tú me cantaste un blues en la penumbra ácida de la noche.

Allí, donde la nostalgia de un futuro mejor se agolpaba como un sueño eterno encerrado en un puño:

Juntos como labios en un beso incombustible.
Juntos como en un abrazo en la tormenta.
Como notas que nacieron para sonar en el mismo compás y medida.
Como el hielo que se formó para deshacerse en la miel de tu boca y mojar tu risa.


1 comentario:

  1. Guau!! José el tiempo de silencio ha merecido la pena. ¡Qué bueno!!

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