viernes, 4 de abril de 2014

Rock&Roll cobarde y a destiempo

Fue cuando la resaca se evaporaba rápidamente, no como ahora que sus vapores se agrietan y se agarran a las paredes de mi cráneo como átomos de hastío, indivisibles e indestructibles, que no desaparecen nunca, sino que anidan entre los huecos de oscuridad dejados por mis neuronas muertas.
Fue cuando tu boca sabía a blues y yo presentía que tú eras Dios.
Fue cuando el Sr. Eurodólar entró en la ciudad con la amplia sonrisa abierta de la Gran Mentira y extendió sus miasmas y sus virus.
Fue cuando la máquina de dinero inventó el papel moneda y acuñó sueños de barro en pequeñas chapas de metal, grabando en su cara la Codicia y en su envés la Sinrazón.
Fue cuando el diablo rehusó comprar más almas, al saber que no eran más que plástico biodegradable.
Fue cuando supimos que nuestros sueños eran confusos porque siempre despertábamos donde nunca se podrían desarrollar.
La ciudad se alzaba orgullosa al cielo
en grúas de metal
para crear una nueva sensación de horizonte,
y en las calles se hacinaban ladrillos
         y hormigón y cemento armado y brillante latón
para cercarnos en su corazón de neones y fluorescentes luces
que nos cegaban los ojos llenos de pan.
 [las sonrisas colgaban ignorantes de las caras
ante un bienestar sintético que se adquiría a golpe de datáfono,
en gramos de dicha para inyectar en el tálamo de la avaricia]

Fue cuando comenzó la construcción del laberinto.
Fue cuando las barras de los bares dejaron de ser trincheras.
Fue cuando paseábamos las calles deshilachadas de la noche
sin percibir que no había salida.
Sin poder imaginar que el eco de nuestros pasos jamás cruzaría la barrera del sonido, ni que tras el muro —imposible de franquear— aún se extendían los campos de algodón hasta mezclarse en la pupila con la gasa del vapor de nostalgia de las nubes.


De mi poemario: Poemas de Luz Eléctrica
Dibujo: José G. Cordonié

2 comentarios: