domingo, 13 de abril de 2014

Blues del Minotauro en el centro del Laberinto

Hoy he decidido arrancar las malas hierbas de mi corazón y fumarlas bien liadas con las buenas esperanzas que aún me restan. Aspirar su humo hasta henchir mis pulmones para sentir su helado fuego como la sombra de una cicatriz que nunca termina por cerrar.

El Blues de Los Ruin suena en la vieja gramola de la Ciudad-Estado. Un disco antiguo de pizarra que vuelve hoy a sonar y me quiere hacer creer que es un nuevo sonido de vanguardia. El hilo de un sonido que intenta atrapar los sentimientos hasta deshilacharlos. La voz graveaguda de la infamia recita perversamente los más dignos sueños del hombre apacible y esparce la ténebre sombra del silencio sobre ellos, sobre la Esperanza y el Bienestar.

¡Qué poder tiene la palabra y qué poca escusa la revienta!

Atravesamos a tientas el Laberinto creyendo que aún hay una salida. 
Nuestro miedo lo proyecta la sombra del Minotauro en el centro del Laberinto. 
Afila sus cuernos de alabastro contra la pared de nuestros pesares. 
Saca punta hasta dejarlos como cuchillos incisivos capaces de atravesar sin apenas esfuerzo la membrana de la Razón.

¡Qué fácil de atravesar es la piel del inocente que apenas le queda sangre en las venas!

Los demonios de la Razón se comieron nuestras entrañas.
Los demonios de la Razón comieron de nuestras entrañas
y alimentaron al Minotauro
mientras en la ignorancia construíamos el Laberinto.

La salida es un ladrillo.
Es un ladrillo al aire.

La salida es un ladrillo.
No es más que un puto ladrillo;

la clave que lo derrumbará todo.


De mi poemario inédito Poemas de Luz Eléctrica.
Foto: José G. Cordonié (1984)

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