domingo, 22 de diciembre de 2013

CANCIÓN TRISTE DEL AVISPERO SONANDO A 78 RPM.

A veces camino la ruina del recuerdo con signos de admiración congelados en un silbido. Recuerdo haber trepado el azúcar de las noches y escarbado su hiel hasta romperme las uñas. Recuerdo haber saboreado la temprana ambición de ser libre sin notar la tirantez de las esposas de la vida asida a las muñecas. Recuerdo haber amado a la cíclope luz de los sueños antes de saber que lo hacía despierto. Recuerdo haber sentido el ritmo de la música de los días golpeando asimétrica en mi pecho. Y el olor del abrazo íntimo de la abierta nostalgia antes de tener recuerdos.

Recuerdo haber trazado mapas de viajes al deseo antes de comprender que vivía dentro de un avispero. Y que no éramos más que esclavos ante el séquito de la Abeja Reina, donde no cabía rebeldía o sumisión. Recuerdo haber querido abrir un grito sin haber sentido todavía que mi boca estaba cosida. Recuerdo haber tenido la sensación de comerme la lengua del mundo antes de comprender que no eran más que huellas descosidas por el camino del alma.

El alma cosida con puntadas del hilo de la confusión,
desgarrada por los dientes afilados de los perros de la vida,
el revólver de la indignación cargado por si hay que disparar.

Aunque las balas no les maten,
aunque tras sus máscaras sean invisibles
abejas revoloteando para llenarse los bolsillos de la miel del panal,

que construimos a golpe del látigo de su codicia.



De mi poemario inédito Poemas de la Luz Eléctrica
Foto: José G. Cordonié / Autorretrato

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