domingo, 7 de abril de 2013

TREPANACIÓN DE LA ÁCIDA POÉTICA DEL ROCANROL


La cólera del viento atravesando la piel como un sueño que al instante se hace inmenso, 
cabalga la noche como un puto espejismo en un váter de un garito lleno de mi soledad, 
y del Ansia, donde espero las ondas de luz que me hagan levantar, volver a soñar, 
poder ser héroe, sólo un día más, inmortal hasta la Muerte.Pero la parte más fría de la vida es un temblor en lo más terrible de la noche. 

Una cuchillada que te raja los ojos…          
…Caballos salvajes en la sangre, Caballos al galope en el lado salvaje de la vida… 
…Caballos afilados como navajas, mordientes Caballos abriendo las calles que alumbraron nuestra prisa, nuestra improvisada rebelión, nuestra agonía sobre la sombra de la Iguana, sobre la intermitente luz del émbolo de una jeringuilla, sobre el sonido armónico de nuestros pasos, cuando fuimos los más grandes,
los mejores, los más chulos, ungidos por la más austera arrogancia de la calle, de los arrabales, 
de los bares donde comprimíamos de luces y de sombras la realidad hasta hacerla fantástica. 
Cuando fuimos animales de rocanrol.
Porque tuvimos el rocanrol en la puerta de la noche sacando punta a los sentidos hasta reconvertir el glam, 
 y silencio en las pupilas ampliadas por el ojo de la mente, atravesando la espalda de la vida, 
que nos traicionó... 
Fuimos inmensos, fuimos diferentes, distorsionamos los sueños con la dulce acidez de nuestras risas, con palabras llagadas de poesía, con la amistad en hardcore, tan amplia como una vena abierta hasta desangrarse. 
La vida cristaliza en un chute de calor y hielo definiendo mi mente en fragmentos de un caleidoscopio, 
donde me observo. Descodifico mi alma en un laberinto de esencias mientras vuelve el émbolo a bombear más vida, vida como sueños comprimidos en un ritmo latiente, como música creada con un solo soplido… 
Y huye la noche para volver con su máscara de enfermedad siniestra que se agarra al cuerpo hasta asfixiarlo.  

Y la vida huye... …
… A veces huye y me siento como un dios extraño. Como un ángel cagando en la puerta de atrás del cielo, como El Ángel reuniendo sus sueños en los planos de la demolición, trepanando la ácida poética del rocanrol, como su voz descubierta en un eco que resurge entre acordes disonantes de lo que fue otra realidad.



Un pequeño homenaje a El Ángel (Ángel Caballero) y a su libro Los Planos de la demolición.

Dibujo: José G. Cordonié

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