viernes, 14 de septiembre de 2012

¿Y QUÉ? SON LOS POETAS MALDITOS



Alguien dijo una vez: «La vida es un trozo de lujuria mordida por locos incautos». Yo no sé si lujuria, salacidad o simplemente deseo, que no es más que aquello que ansiamos a pesar de no saber realmente qué nos puede llegar con su sabor. Al menos, si llegamos a reconocer qué parte de ese extraño elemento, al que denominamos Vida (sí, en mayúscula), es al que le hincamos el diente.

Pero yo no sé nada de esto, ni siquiera llego a comprender el verdadero significado que debe tener esa frase. Sólo llego a una breve reflexión, quizá sin sentido alguno, en la dirección desrumbada de que si debemos alimentarnos de ese pedazo de lujuria, o lo que sea para cada cual, debemos parecer muchos de nosotros desdentados, famélicos, apáticos y desmemoriados. Pero si acepto esa parte de la frase inicial, me veo obligado a admitir también la segunda. Me refiero a aquella que habla de locos incautos. Y dando una vuelta a la frase, y nunca como un juego de palabras, sino tratando de extraer alguna razón de su significado,  debo pensar en que tal vez sólo los locos incautos sean capaces de morder una vida que toman como un trozo de lujuria.

No busco más significados. No quiero ni puedo desvelar el significado que, seguramente, lleve oculto.

Prefiero directamente ir al autor de dicha frase, al eterno olvidado Pascal Laumbert, poeta y narrador frustrado, mendigo de imprentas y folletines donde trataba de conseguir alguna impresión de baratillo de sus esqueléticas y, sin embargo, grandiosas obras. Hambriento soñador de fantasías trazadas en papel, rebajadas o amplificadas por el hachís y la absenta que aumentaban las sensaciones de los anocheceres. Odiado por sus amigos, quizá porque supieran que su mente selecta les pudiera borrar de un plumazo sus grandes logros literarios, aun editados por imprentas de segunda; amado por advenedizos y aventureros que quisieron ver en él un evidente signo del triunfo del caos sobre una mente lúcida y certera. Entre sus amigos, aquellos que le odiaban, se encontraban «les assassins», la mayor miseria hecha grandeza en palabras, el símbolo exprimido hasta la sensación de emocionar. Ellos eran esa rareza insólita formada en el eco de un disparo en un grupo heterogéneo, el verso encontrado para expandirlo hasta hacerlo infinito, la tumba abierta e iluminada del sentido unívoco de la Poesía. Ellos eran, entre otros, los que fueron llamados los Poetas Malditos, a saber: Tristan Corbière, Arthur Rimbaud, Stéphane Mallarmé, Marceline Desbordes-Valmore, Auguste Villiers de L'Isle-Adam. Y fue el propio Verlaine, el mismo que se decidió a escribir ese ensayo bajo ese nombre de Los Poetas Malditos con el que más tarde serían reconocidos, el que tuvo en sus manos los manuscritos de Laumbert y el que decidió rechazarlos por la razón única y simple de la envidia y el temor. Se dice que incluso lloró de emoción al leer aquellos poemas escritos por el puño y letra de Laumbert.

Pascal Laumbert fue y es un gran olvidado. Un Poeta Maldito y Genial, un verdadero «assassin» que decidió dispararse en la sien ante una vida que le mordía a él hasta desangrarlo. ¿Loco incauto?
Os dejo uno de sus poemas, para que al menos desde esta otra realidad, La Canalla pueda recordarle aunque sea sólo por un instante. Sólo un instante, el mismo tiempo que tardó la bala en llegar a su cabeza mientras miraba su último suspiro reflejado en un espejo.
Laumbert, in memoriam.

                 INVIERNO EN TI SE HACE ECO
Era el oscuro y triste invierno del olvido,
era el más oscuro rincón del frío invierno,
era el más triste olvido de la memoria,
era la sensación de saber amarte,
sólo si fuera lejos
del pensamiento,
      de la vista,
               de los sentidos.

Era la necesidad de tenerte cerca,
de ansiar tu aliento, de conocer tu eco,
de escuchar tu alma, inquieta, turbia,
desabrochando poco a poco tus silencios,
sola en la tranquilidad,
  en la calma quieta,        
en el crepúsculo
           de los últimos días.

Era el oscuro y triste infierno del olvido,
era el más oscuro rincón del frío infierno,
era el más triste día de tu memoria,
era la sensación de saberte ida ...

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